La historia del teléfono fijo, tiene elementos de sainete o tragedia, según como se mire.
Alexander Graham Bell ha sido durante mucho tiempo considerado el inventor del teléfono. Pero todo indica que Bell no fue el inventor, sino más bien un hábil jugador que logró ser el primero en patentar el teléfono mediante tramoyas.
Más aún, la resolución 269 del 11 de junio de 2002 del Congreso de los Estados Unidos (que, com todos sabemos, es donde se dirime qué es cierto y qué no), aprobada por unanimidad, establece que el inventor del teléfono fue el ítalo-americano Antonio Santi Giussepe Meucci y no el escocés-americano Alexander Graham Bell. La resolución reza : "la vida y obra de Antonio Meucci debe ser reconocida legalmente, y su aporte en la invención del teléfono debe ser admitido".
Tras esa resolución, los cronistas de CNN (léase Sí-en-en), situados en Atlanta, Georgia (léase Chórchiá), se han manifestado desconcertados y descorazonados por la reticencia de Antonio Meucci a formular declaraciones respecto a cómo recibió este homenaje un tanto tardío. Probablemente no hayan considerado una hipótesis que no debería descartarse: que al signore Meucci le importe un reverendo rábano el reconcimiento del Congreso, debido a que se dedica a mirar crecer el pasto desde las raíces desde el infausto 18 de octubre de 1889. Pero bueno, al menos para la Historia se hace justicia y quién le diga que algún heredero de Meucci no se pueda hacer algún mango ( a propósito, no sé si le comenté, querido lector, que yo soy Perera de los Perera Meucci, del pueblo de San Vittorio Tagliattelli alla Pomarola, Italia). Y claro está, comparando los tiempos relativos de reconocimiento histórico del Congreso de los Estados Unidos en el caso Meucci, con los del Vaticano respecto a Galileo Galilei, digamos que tan mal no andan los señores congresistas.
Pero no quiero perder el hilo del relato. Merece mencionarse que, presionados por sus cuadros directivos, los cronistas de CNN en cambio sí lograron una exclusiva con un tal Alexander Grajanbél, quien puso cara de consternado y apenas dijo algunas palabras respecto al nacimiento de la telefonía (tras las preguntas con respuesta inducida por el cronista de Sí-en-en, que son de rigor) . El pobre apenas si musitó
"Coooooño chico, que bolá.....que comemielda esta Mechuchi, asere..."
Los informativos televisivos internacionales repitieron durante varios días estas espectaculares declaraciones del escocés Alexander Graham Bell, en que manifiesta aceptar que Meucci le ganó de mano. Millones de personas en el mundo entero lagrimearon ante las pantallas a eso de las 20 hrs, conmovidos por la tocante historia, musicalizada con esas piezas musicales del estilo "me duele un callo y ya nada me consuela". Hectolitros de lágrimas todo a lo largo del planeta se derramaron gracias a Sí-en-en y esa imagen conmovedora del escocés Alexander Graham Bell, como rezaba claramente el pie de las imágenes. Un escosés negro, pelado, de unos 40 años de edad, hablando en castellano con acento ligeramente cubano, fumando habano y tomando ron como ternero sediento, luciendo un colorido gorrito de los Atlanta Hawks.
¡ Ay, que sería de la humanidad si no estuviéramos informados fielmente de todo cuando ocurre en el mundo por las grandes cadenas!
Eso sí, está pendiente un tema técnico que el Congreso de los Estados Unidos no laudó. Para mediciones de sonido, una unidad habitual de referencia es el decibelio (que se abrevia dB), y que es la décima parte de una unidad de uso menos corriente, el Belio (B). Obviamente, el nombre del Belio responde a la intención de homenajear a Alexander Gaham Bell. Queda por saber si el revisionismo de la historia telefónica pone en aprietos este homenaje y a partir de ahora tendremos que medir sonoridades con decimeuchios.
Bueno, pero vayamos a las dramáticas circunstancias en las que fue concebido y parido el teléfono, para poner la cuota de sexo, intriga y suspenso que no puede faltar en un libro de divulgación de temas técnicos para que los compre alguien más que mis tías viejas.
Allá por 1854 y en Francia, un tal Charles Bourseul, propuso utilizar las vibraciones causadas por la voz humana sobre un diafragma, para activar y desactivar un circuito eléctrico que permitiría reproducir vibraciones muy similares en un diafragma remoto. De ser exitosa la idea, las vibraciones originales, que recibe el primer diafragma, serían reproducidas por el segundo diafragma, que estaría distante y unido al primero por el circuito eléctrico. Y la voz humana no es otra cosa que ondas sonoras, por lo que el planteamiento de Bourseul iba muy bien rumebado hacia el transporte de voz. Se diseña entonces un "tubo" dentro del cual se ubica una menbrana muy similar a la que poseemos en nuestro sistema auditivo, que al recibir las ondas de la voz de la persona que actúa como emisora, traduce las vibraciones en señales eléctricas. En lugar de ir a parar al cerebro, como ocurre en nuestro oído, dichas señales eléctricas se transmiten por un cable conductor hasta donde está ubicado el "tubo" por el que escucha el receptor. Allí las señales eléctricas harán vibrar una nueva menbrana que, para el oído que escucha, reproduce muy razonablemente el mensaje de voz enviado.
Es bastante evidente que de Boursel a la amplificación y transmisión en calidad digital de un concierto de una banda de heavy metal hay una cierta distancia. Pero a mí me conmueve, me emociona, repasar la idea de Boursel (que seguramente haya tenido antecesores que propusieron cosas parecidas y me disculpo por no conocerlos, que las ideas geniales suelen aparecer de manera casi simultánea en varias mentes al mismo tiempo). Me emociona por que el paso mayor, el primero, el que habría el rumbo a la telefonía, estaba claramente postulado en su trabajo.
Poco después, el alemán Johan Philipp Reis inventó un instrumento que transmitía notas musicales a distancia, utilizando también la electricidad, pero que curiosamente no era capaz de reproducir la voz humana. La big band pasaba, pero la voz de Francis Albert Sinatra, no. Inaceptable, aún para un tecnólogo teutón. Es posible, por la dramática escasez de notas musicales que les asola, que los wachiturros y la música techno tampoco fueran transmitidas por el aparato de Reis, pero es mera conjetura mía, nomás.
Pero en los alrededres de 1855, perdonando el academicismo, "se pudrió todo". En efecto, el tano Meucci, en Staten Island, New York, impelido por una enfermedad de su esposa, construyó un teléfono (teletrófono, le llamó él) para conectar su oficina con el segundo piso de su casa, donde yacía su amada. En 1860 realizó una primera y exitosa presentación de su teletrófono.
Pero el tano venía mal ligado: en 1861, viajaba a bordo del vapor Westfield, que explotó accidentalmente, Meucci sufrió quemaduras de entidad, por lo cual su esposa se vió obligada a vender los trabajos de Antonio en una casa de empeño neoyorquina por seis dólares (sí, seis dólares...si uno se pudiera transportar al pasado...).
Cuando, una vez repuesto, el tano va a recuperar su obra a la casa de empeño, su propietario le dice que había vendido todo a un hombre joven y desconocido.
Es así que entre 1861 y 1870 el desgraciado tano Meucci se dedica intensamente a rehacer su invento. Pero Meucci estaba pelado como ajo para raspar fondue, por lo que no podía permitirse pagar los 250 dólares que le significaba patentar de manera definitiva su invención. Vaciando sus bolsillos apenas si puede realizar una presentación preliminar de documentación ante la Oficina de patentes, el 28 de diciembre de 1871, que renueva solamente los dos años siguientes.
Paralelamente, en 1869 Elisha Gray y Enos Barton fundan una compañía tecnológica que se transforma en proveedora de la Western Union Telegraph Company (WUTC).
En 1873, el tano Meucci le propone una demostración de su teletrófono a Edward B. Grant, vicepresidente de una filial de la WUTC, acercándole documentación clave, pero Grant dilataba el encuentro una y otra vez por excusas de agenda. Pobre tano, a esta altura de la historia uno ya lo nota Meucci por los perros, sin duda.
Hete aquí que Enos Barton estaba trabajando en WUTC cuando el pobre Meucci intentaba reunirse con Grant.
Y, !Oh, casualidad!, en 1874 Elisha Gray hace la primera demostración pública de su invento: el teléfono, que funcionó perfectamente.
Las malas lenguas dicen que el proyecto de Meucci también llegó a manos de Alexander Graham Bell, quien trabajaba en un laboratorio de WUTC donde ciertamente llegó la documentación que Meucci, en su ansiedad por ver en producción su invento, le había dejado a Grant.
Lo incustionable es que en 1875, viendo que la mano venía de choreo, Meucci se presenta ante WUTC y reclama la devolución de la documentación que había presentado. Recibe como respuesta que desgraciadamente la misma se habia extraviado......¡En el laboratorio donde trabajaba Alexander Graham Bell !
Habia fuertes rumores de que Alexander Graham Bell tenía un confidente o "topo" en la Oficia de Patentes. Lo cierto que cuando Elisha Gray presentó el 14 de febrero de 1876 la solicitud de patente de su teléfono, se encontró con la desagradable sorpresa de que apenas un par de horas antes un tal Alexander Graham Bell le había ganado de mano.
En realidad Bell registró en ese momento una patente que realmente no describe con suficiente precisión el teléfono pero lo refiere como tal.
. Las debilidades de la presentación de Bell, los rumores circulantes en la industria sobre que habría sido beneficiario de una infidencia, hizo que la oficina de patentes no se atara a la cronología y decidiera comparar pelo a pelo las propuestas de Bell y Gray, para retener la que fuera mejor técnicamente, menos costosa, etc.
El topo de Bell en la oficina de patentes le avisó que se iban a comparar las dos presentaciones y le facilitó a Bell el acceso a la documentación de Gray. La presentación de Gray sí daba un diseño específico, por lo cual tenia todas las de ganar. Topo mediante, Bell accedió a su presentación, a la que agregó una nota escrita a mano conteniendo un diseño de teléfono, no claramente incompatible con la descripción somera que habia presentado y que, en todo caso, era absolutamente idéntico al de Gray.
Como era obvio, el estudio comparativo no reflejó diferencias técnicas sustantivas, por lo que las dos horas de anticipación volcaron la balanza hacia Alexander Graham Bell.
Hoy se sabe que Bell había suscrito con la WUTC un acuerdo por el cual el 20% de los beneficios derivados de la comercialización de "su invento" serían vertidos durante 17 años seguidos a la compañía. Mucho dinero, muchísimo dinero. Más que suficiente para justificar invertir no sólo en un topo, sino en el mismísimo Topo Giggio.
Si uno revisa esta narración, constata que Meucci era realmente un desgraciado y que debió ser autor de las mejores puteadas en italiano que la Historia haya escuchado cuando veía a Gray y Bell pelearse y luego a Bell levantar guita con pala mecánica, gracias a SU teletrófono, ahora llamado teléfono.
Por otra parte toda la trama de engaños y avivadas tiene un profundo olor a Boston.
Y es inevitable, absolutamente inevitable, una reflexión. Si semejantes chanchadas y confabulaciones se hacían en el momento del nacimiento de la telefonía, cuando era claramente una invención revolucionaria, pero que aún no generaba caja, para sacar ventajas comerciales y fuertes sumas de dinero en beneficio de algunos y detrimento de otros....¿Qué cretinadas- o hechos peores- se animaría uno a descartar de plano que ocurran hoy en torno al negocio de las telecomunicaciones, absolutamente multimillonario y floreciente?
La inteligencia del lector me libera de comentarios al respecto. Lo que me sorprende es que un lector de su inteligencia aún no se haya cansado de mis chascarrillos de nivel "Tablado del Carnaval 1953".
Y bueno, si ha sido tan generoso y paciente hasta ahora, acompáñeme hasta el próximo capítulo. Seguramente defraudaré todas sus expectativas, pero no me va a venir a decir que fui el primero o el peor, vamos.....
Sugerencia musical ilustrativa: http://www.youtube.com/watch?v=VBkdeUKPZ3o
Rada con los Carmona paso las de Meucci. La belleza de Tina es bonus track.
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